
"[...] you're going to find that many of the truths we cling to depend greatly on our own point of view."
Obi Wan Kenobi
Querido Lector, encontrarás a lo largo de estas crónicas que soy cinéfilo y que a su vez soy fan de Star Wars ("geeeeek" diría Me Little Prrincess), y uno de los motivos por lo que soy ambas cosas es porque en el cine en general y en películas como Star Wars uno puede desenterrar pequeñas perlas de sabiduría. Esta frase que te ofrezco el día de hoy puede relacionarse con un sin fin de temas y aspectos de la vida diaria, el enfoque que intentaré darle el día de hoy es musical.
Se dice que para que una conversación navege por aguas tranquilas se deben de evitar como temas a la política, la religión y al futbol (cualquier deporte, anyway); a estos temas taboo podríamos añadirle la música si fuéramos estrictos. En algún momento u otro de mi vida me he visto involucrado en conversaciones que van de poco amigables a francamente ostiles cuando a alguien se le ocurre mencionar su gusto personal por tal o cual intérprete o por tal o cual género musical. En el curso de dichas conversaciones se pueden intercambiar comentarios como "ese charro es maricón", "mendigos marigüanos adoradores de satán", "esa la único que sabe hacer es menear la cola, ni canta" y otras amenidades de la índole. Cualquier persona es capaz de sentirse ofendida cuando alguien insulta sus gustos, pero esto toma tintes dramáticos exagerados cuando se trata de la música. Creo que de las expresiones artísticas de las cuales nos rodeamos, la música es la que mas hondo nos llega, es la que toca las fibras mas sensibles. Nos puede hacer reir o llorar con una facilidad sorprendente, es la máquina del tiempo por excelencia. Algo que no deja de sorprenderme es el hecho de que alguien al otro lado del mundo, que no me conoce, que no conoce al objeto de mi resentimiento o de mi pasión, no conoce los daños hechos en la relación, no conoce el despecho que nos llena, pueda ponerle letra y música a ese momento en particular de nuestras vidas; y lo hace de tal manera que parece caernos como anillo al dedo, ¡y además lo hizo en inglés! o peor aún ¡en francéees!. Parece que no sólo viviera en la misa colonia, sino que además tuviera cámara y micrófonos en nuestra casa. Parece conocer nuestra situación mejor que nuestros amigos y familiares. Esto es lo que podríamos llamar "La Universalidad de la Música".
Todos tenemos el Soundtrack de Nuestras Vidas. Y a todos nos parece que tal o cual canción fue escrita para nosotros y solo para nosotros pero cuando vamos a un concierto, la comunión con miles de fanáticos nos demuestra que no es así y que compartimos la emoción con unas cuantas personas más. A cada uno de nosotros nos llega de diferente manera diferentes géneros y artistas, esto es un hecho. Mi mejor amigo juraría (si creyera en algo sagrado) que la música nació y debería de girar sobre el único eje del metal, tengo una amiga que piensa que Shakira es una gran música por el sencillo hecho de que la mujer puede tocar un par de insrumentos y compone algunas de sus canciones, tengo otra amiga que pertenece a la congregación que afirma que Arjona es una mezcla del Divino Verbo y Mario Benedetti, sin ir mas lejos mi hermano cree a pies juntillas que Brittney Es, Ha Sido y Será La Inmaculada Reina del Pop. Cada una de estas personas defiende a capa y espada su punto de vista, cualquier comentario en contra es recibido con un latigazo ocular, una mirada que bien podria congelar al demonio más pintado sino con una sonrisa desdeñosa y una argumentación digna de exponerse en Oxford (si Querido Lector también soy dado a la licencia literaria, mejor conocida como exageración). No me lo tomes a mal, también he sido victima y en en infinidad de ocasiones he sido victimario en conversaciones de este tipo, he acusado y me he burlado, me han señalado como inculto, mente cerrada, mariguano, intolerante y sip, adorador del señor de las moscas.
Es aqui cuando cabe recordar la frase que abre este escrito "muchas verdades a las que nos aferramos, dependen en gran medida de nuestro punto de vista". Es probable que existan "medidas" que nos indiquen quién es mejor academicamente, quien tiene mejor tecitura, mejor timbre, mejor velocidad en los dedos, mejor calidad interpretativa, pero todo sale volando por la ventana cuando una canción, por insulsa que sea, nos hace vivir un momento que parecía encapsulado en lo más recóndito de la memoria. En ese momento las emociones toman por asalto al resto del cerebro y nos parece que ese grupo o intérprete es la encarnación de Terpsícore (musa griega de la música y de la danza - según Wikipedia). Muchos hemos cantado a todo pulmón una buena canción pop, nos hemos emborrachado acompañados de un mariachi, algunos han sentido que les hierve la sangre de deseo cuando ven a su pareja de baile meneando el trasero a ritmo de regaetton, otros hemos sentido una avalancha incontenible de sentimientos cuando alguna canción nos recuerda a algún ser querido que ha fallecido, algunos más han sentido el más puro amor acompañados de una balada cursi y pedorra, y otros más sentirán la piel chinita cuando escuchan bossa nova. ¿Cuantos en algún momento de éxtasis amoroso no fuimos piratas y nos fusilamos una frase, una estrofa o la letra completa de alguna canción?
La música es un disparador natural de emociones, es automático. En nuestro soundtrack personal tenemos canciones para las escenas de amor, de desamor, para las escenas de persecución, para nuestros cortometrajes de comedia, aún quizá para las escenas de terror, y todas y cada una de estas canciones habita un lugar muy especial de nuestros corazones, forman parte del compendio cultural que nos forma día a día. Las sentimos nuestras. Por ello nos causa dolor y enojo cuando alguien ofende nuestros gustos musicales o con la mayor facilidad desdeña y ofende al intérprete de una o varias melodías que forman parte de ese soundtrack que ha ido formándose a lo largo de nuestra vida.
Mi consejo es que la próxima vez que te encuentres en una conversación que tome estos derroteros, Querido Lector, recuerdes que la persona frente a ti, también se alegró, lloró, bailó, odió y se emborrachó igual que tú, con la música como acopañante perene, la única diferencia es que los intérpretes y los géneros que forman su soundtrack son diferentes que los tuyos. Si, claro una conversación animada defendiendo los intereses propios, siempre es un asunto interesante y emocionante por decir lo menos. Pero procuremos no descartar como insignificantes o imberbes los gustos de nuestros interlocutores. No pienso convertirme en un Arjonista, no voy a comprar la discografía completa de Daniela Romo, pero tampoco espero que todas las personas que se atraviesen en mi camino sientan la emoción que me recorre cuando escucho a Dream Theater o reflexionen cuando escuchen a Rush o Asia, o mejor aún, se pongan a sacudir la melena a ritmo de Dark Tranquility. Cada quién se sienta a un lado de la mesa y cada quién difrutará lo que le gusta. Recordemos que no todo está escrito, no todo está cantado, quién sabe, con un poco de apertura y disfrute el día de mañana podemos encontrar a alguien que nos abra los ojos y los oidos a un aspecto de ese grupo o interpréte que hasta ese momento nos parecía excecrable, eso si puedo decirlo sin tapujos, a mi me ha pasado.Recuerda que "muchas verdades a las que nos aferramos, dependen en gran medida de nuestro propio punto de vista", tratemos de ser abiertos y respetar las diferencias, como en todo lo demás. No digo que sea tarea fácil y menos que yo sea ejemplo a seguir, pero si cada día lo intentamos en un ámbito diferente, creo que a la larga podemos llegar ser mejores.
En este momento pongo un disco de gritos y tamborazos y te dejo a ti un fuerte abrazo.
bienvenido al mundo de los bloggeros, ja ja ja y qué razón tienes, comparto.
ResponderEliminarun abrazo fuerte, fuerte.
Skullandbones
Bienvenido al mundo de los blogeros, jajajaja. Un fuerte, fuerte abrazo.
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