lunes, 7 de septiembre de 2009

Now I Can Die in Peace... well maybe not just yet


Bienvenido otra vez al otro lado del espejo.

Esta entrada a mi blog, tiene un poco de retraso, debí de haberla hecho el viernes 12 de junio del 2009. Te preguntarás que tiene de particular esta fecha, bueno fué el día en los Pingüinos de Pittsburg ser convirtieron en campeones de la Copa Stanley. Te preguntarás que tiene esto de relevante, en este caso la respuesta Querido Lector, es más un poco mas complicada.

Soy un ávido seguidor de los deportes, practicamente cualquier deporte puede despertar mi interés y en algunos casos, mi pasión. Soy fan incondicional (en unos momentos sabrás que tan incondicional) de los siguientes equipos: Buffallo Bills (NFL, pero ¿ves a qué extremos puede llegar mi incondicionalidad?¿todavía no?, bueno, sigue leyendo y lo sabrás), Pittsburg Penguins (NHL, Liga Nacional de Hockey Sobre Hielo), Toronto Blue Jays (MLB), Utah Jazz (NBA ¿te acercas al tamaño de mi incondicionalidad? ¿todavía no?), Arsenal Gunners (Premier League, liga de football de Inglaterra) y en lo eventos futbolísticos mundiales apoyo con sonoras porras a la selección Alemana, el porqué a la Alemana y no a la Mexicana es otra historia y tendrá que ser contada en otra ocasión.

Como podrás ver, si sabes un poco de deportes, o en su caso has tenido un novio que te ha obligado a seguir alguno de estos deportes, ninguno de estos equipos es reconocido por su tradición ganadora, al contrario.

ESPN cuenta con un columnista llamado Bill Simmons (http://sports.espn.go.com/espn/page2/simmons/) y durante algún tiempo seguí sus columnas, porque además de un buen conocimiento de los deportes, especificamente del área de Boston, también posee un sentido del humor agudo y un conocimiento enciclopédico de la cultura popular norteamericana y todo es mezclado en sus escritos lo cual resulta en una columna muy entretenida. Bill Simmons es fan de los Boston Red Sox, un equipo que fué vicitma de la maldición del bambino por casí un siglo. Para resumir, la maldición del bambino se refiere a la venta de Babe Ruth por parte de los Medias Rojas a los Yankees por $100,000 dólares, en 1919 Babe Ruth bateó la sorprendente cantidad de 29 home runs y además fué el pitcher estrella de los Yankees, ocurrió que durante la siguiente década Babe Ruth bateo más home runs que todos los Medias Rojas juntos. A partir de ese año y hasta hace unos cuantos, los Medias Rojas parecían ser seguidos por una maldición, no podían ser campeones no importando qué tan cerca estaban o que tan buenos equipos armaran.

Finalmente en 2004 los Patirojos rompieron la maldición, vencieron a los Cardenales y se coronaron campeones de las mayores. Ese año Bill Simmons escribió un libro llamado Now I Can Die In Peace, en el que narra como finalmente vivió lo suficiente para ver rota la maldición del Bambino y pudo ver a su equipo favorito ser campeón.

Soy un fan de los deportes, y si, la selección Alemana es una de las mejores del mundo, han sido campeones y tienen el mayor número de subcampeonatos entre las selecciones mundiales, lo que quiere decir que siempre están en los primeros lugares, pero como te habrás dado cuenta, no soy exactamente el seguidor número uno del foot ball soccer. Los Azulejos de Toronto fueron campeones espalda con espalda a principios de los 90's, pero tristemente apenas y recuerdo el asunto, ya que en ese entonces no seguía con tanto ahinco el base ball, desde entonces a la fecha han caido en una mediocridad espantosa, acentuada por la maldición de encontrarse en la misma división que los Yankees y los mencionados Red Sox, equipos que acaparan la cima de la división y prácticamente de la liga americana. La historia se pinta de drama cuando platicamos del Utah Jazz, equipo que tiene a uno de los mejores entrenadores de la historia, pero que nunca ha sido reconocido como tal, nunca ha ganado el título del entrenador del año ni nada por el estilo, a pesar de siempre estar mencionado entre los posibles ganadores, además el Jazz tuvo en sus filas a uno de los mejores duos de la historia de la NBA: Stockton y Malone, pareja si no espectacular, si productiva y eficiente, pero que por desgracia en las dos ocasiones que llegó a las finales fué para enfrentarse a la leyenda de Michael Jordan y los Bulls de Chicago de finales de los 90's, dos veces llegaron y dos veces los derrotaron aquellos.

Finalmente el asunto se convierte en tétrico cuando llegamos a los Bills, uno de los mejores equipos de la década de los 90's, lleno de buenos jugadores, el mayor regreso de la historia (contra Houston en 1993), y lograron lo impensable, llegar cuatro veces al Super Tazón, traducido, fueron campeones de su conferencia cuatro veces consecutivas, pero que siempre, las cuatro veces fueron terriblemente derrotados en el Super Bowl, de hecho fueron humillados, y desde entonces no han vuelto a lograr temporadas que sean dignas de recordarse. Recuerdo que en un episodio de los X-Files, el Fumador o alguno de sus compinches fríamente declara que " mientras yo esté vivo los Bills nunca ganarán un Super Tazón", ¿Será que en su caso pesa la "Maldición del Fumador"?.

Todo esto me lleva a la Serie de campeonato de la Copa Stanley del año pasado y la de este. Al final de la temporada pasada en la serie final se enfrentaron los Pingünos contra los Alas Rojas de Detroit, siendo estos últimos los campeones al vencer 4-2 a los de Pittsburg. Esa experiencia me recordó todas las demás, los Bills y el Jazz particularmente, si, me entristecí y pensaba: "claro, como siempre, tanto nadar para morir en la orilla". Este año una parte de mi no quería que los Pingüinos llegaran a la final, mejor quedarse en el camino y no tener que sufrir otra derrota en "el juego grande", pero conforme avanzaba la temporada y la post-temporada fueron mejorando, su juego fué mas cohesivo, mas de equipo y las estrellas fueron destacando y jugando mejor conforme avanzaban los partidos, o sea, aquello que todos nosotros deseamos de nuestros equipos, que juegen mejor mientras mas lejos llegan.

Finalmente llegó la serie final y oh decepción, la juegan contra los mismos Red Wings, "pta, oootra vez lo mismo" - pensé. Los primeros dos partidos los ganó Detroit dejando a Pittsburg en cero, mis ánimos no eran los más optimistas, la serie se mueve a Pittsburg y los Pingüinos ganan el primer y el segundo partido en casa, la serie estaba empatada, esto me reanimó pero tengo que aceptar que no mucho, aún estaba preocupado por el resultado final de la serie. El quinto partido lo jugaron en Detroit y el equipo local saca ventaja y vence a Pittsburg 2 a 1. Cada uno de estos partidos era, lo menos, agónico, mis nervios se ponian de punta y me suadaban las manos, en ocasiones tenía que cambiar el canal y ver a ratos otra cosa porque me enojaba y me entristecía ver a mi equipo cometer errores estúpidos y ser castigados por ello con goles en contra, los veía desesperarse y me desesperaba yo junto con ellos.

El sexto juego es en Pittsburg y los Pengüins honran la casa y derrotan a los Red Wings con marcador de 2-1, recuerdo los últimos minutos de ese partido, bueno, el tercer periódo fué una avalancha roja, no dieron cuartel a la defensa de Pittsurg, se les fueron encima como si en ello les fuera la vida, honestamente, gritaba y brincaba de la cama. Anotaron para acercarse pero no pudieron ganar y Pittsburg viajaba a Detroit con la esperanza de terminar la serie a domicilio, una tarea titánica, ya que cabe mencionar que uno de los apodos de la ciudad de Detroit es precisamente "Hockey Town", ya que son famosos por el poderío de su equipo de hockey y ganar un partido 7 un partido decisivo de cualquier serie ahi es casi imposible.

De cualquier manera mi esposa y yo preparamos botana, refrescos, dulces y chicles (muy importante tener qué morder cuando los nervios deportivos se crispan), procedimos a desonectar el teléfono y apagar celulares, mi esposa muy linda y como buen amuleto accedió a ponerse el jersey de los pingüinos que guardo en mi closet. Comenzó el partido y fué intenso, como era de esperarse, rudo y en momentos hasta sucio, como también era de esperarse. El primer tercio terminó cero a cero, y habiéndonos terminado la botana y los dulces decidí comenzar con los chicles porque bien podrían segir las uñas y ese es un camino que no pienso volver a recorrer. En el segundo periódo Pittsburg anotó dos goles y al final del mismo mis animos eran buenos pero seguía teniendo el miedo presente, recordé por unos segundos el final del Super Bowl que los Bills perdieron con los Gigantes, escupí el pensamieto instantáneamente, recobré el optimismo (el poco que me podía permitir) y me preparé para el último tercio.

El tercer periódo fué una mancha roja, los muy hijos de puta no aflojaban el paso, no permitían que Pittsburgh llegara a la media cancha cuando les caían de dos o hasta tres para quitarles el puck y volver a atacar, Detroit anotó y mis piernas se hiceron como plastilina deja al sol, malos recuerdos querían llenar mi mente y yo me resistía. El partido continuó de esta manera, Detroit encima y Pittsburgh defendiéndose como gato boca arriba, los castigaron y una de las estrellas tuvo que dejar el partido por dos minutos, ni hablar, yo estaba al borde de la diarrea. Los últimos quince minutos los pase pie y escasamente recuerdo algún comentario que me haya hecho mi esposa, todo es una nube. Faltando un par de minutos Detroit sacó al portero y enfrentaron 6-5, cinco jugadores en la cancha, quince en la banca, una multitud en la ciudad de Pittsburgh y yo, no veíamos la luz al final del túnel, rogábamos que el portero aguantara los ataques rojos. Faltando tres segundos para terminar el partido, hubo una falta menor en el área de Pittsburgh y hubo un face-off cerca de su portería. Los jugadores se acomodaron alrededor del circulo, uno de cada equipo al centro, frente a frente y el árbitro con el puck en la mano, como se dice, la tensión se podía cortar con un cuchillo de lo densa que estaba, el puck cayó al hielo, lo ganó el jugador de Detroit y lo pasó a un compañero detrás de él, éste disparó y el tiro fué milagrosamente rechazado por el portero, pero fué a caer al bastón de otro delantero de Detroit, que lo pasó al otro lado del área a un alero que estaba completamente solo, el portero estaba en el hielo tratando de levantarse desesperadamente, el alero de Detroit recibió el puck y se aprestó a terminar con la ilusión de la ciudad de Pittsburgh y recordarme eternamente lo malo que son mis equipos (claro, esto él no lo sabía), sacó el disparo y el portero de la nada se lanza sobre de él como guardaespaldas con todo el cuerpo tratando de detener el puck, sin mañana, dejandolo todo en una sola jugada. El portero cae al piso, mis ojos van de la red de la portería al reloj de la pantalla, una y otra vez y lentamente, como si tomara una eternidad oprimir un chingado botón, suena la alarma y el partido termina, el estadio es una tumba y los de negro en la cancha, en la banca, en la ciudad de Pittsburgh y una pareja de fanáticos en Villas de Irapuato estallamos en gritos, brincos y si, lágrimas.

Finalmente mi equipo favorito había sido campeón, finalmente lo ví.

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